El sueño de la Realidad Virtual


Roger Granel. Kinovisio

La nueva película de Christopher Nolan, Inception (titulada Origen en nuestros cines), utiliza el sueño para crear un thriller de acción trepidante y de trama laberíntica. Si le unimos a este buen guión las excelentes interpretaciones de los actores protagonistas (con un Leonardo DiCaprio a la cabeza) y unos efectos especiales convincentes, el resultado final es una película de gran nivel que aspira a más de un reconocimiento internacional.

El director británico, conocido sobretodo a partir de Memento (2000) y dando el salto al gran cinte comercial con Batman Begins (2005), juega otra vez con el espectador para mantenerlo atento y atrapado en su butaca, cuestionándose durante todo el tiempo lo que está viendo. Se agradece, en estos tiempos de consumo cinematográfico de fast food (todo sencillo para “comer” rápidamente), obras de reflexión y de duda constante.

El telón de fondo es un sistema para penetrar en el subconsciente de las personas a través del sueño. Así, se pueden obtener informaciones confidenciales y hasta introducir ideas para modificar posteriormente el mundo real. Personajes y espectadores se unen en la duda de saber si lo que se está viendo es real o es onírico, situación que todos hemos vivido alguna que otra vez. De hecho, este argumento no es nuevo. Películas como Total Recall (Desafío total, de Paul Verhoven, 1990), Eternal sunshine of the spotless mind (Olvídate de mi, de Michael Gondry, 2004) o hasta la mismísima 2001, Una odisea del espacio (2001: A space odissey, de Standley Kubrick, 1968), ya utilizan el recurso del sueño para cuestionar la realidad que nos parece, a simple vista, tan creíble. La forma y la finalidad de lo que cuentan estas películas es lo que las distingue, pero el fondo de todas ellas tiene claros puntos en común.

Hoy en día no podemos estar seguros de si la realidad es tal como nos parece. Cada vez más, las nuevas tecnologías permiten la manipulación y la transmisión de “realidades” que no son verdaderas o que lo son sólo en parte. Tenemos que cuestionarnos siempre lo que nos muestran los medios de comunicación de masas actuales, porque su credibilidad ya está en entredicho. La moral es cada vez menor y la cantidad y la calidad del engaño es día tras día superior. Además, la sociedad es cada vez más exigente y más intransigente ante aquél que es diferente, que tiene otros valores o que no llega a un nivel de vida o de resultado que nos han enseñado a considerar que es “normal”.

La evolución tecnológica y la sensación de fracaso que el mundo actual puede llegar a generar están llevando a un sector cada vez mayor de la sociedad a crear su propio “Origen. Muchos jóvenes se refugian en los sueños para sentirse bien. Antes solo lo podías imaginar; ahora, los sueños se vuelven reales ante la pantalla. Las vidas paralelas que se pueden crear con la realidad virtual son cada vez más verosímiles y, por lo tanto, adictivas. La frustración de la realidad lleva la gente a ese refugio (es el limbo creado por Dom Cobb y su mujer en el film de Nolan), y se puede llegar a convertir esa realidad virtual en la realidad a secas. El riesgo que comporta esta situación es tan serio como el riesgo que significa para la pareja de Cobb perder la noción de lo que es real y lo que es onírico.

Japón es uno de los países con un índice de suicidio más alto del mal llamado “primer mundo”. Más de 30.000 personas se quitan la vida cada año en el país nipón, lo que equivale a un caso cada 20 minutos. Las cifras son escalofriantes. No hay un único motivo para explicar esta situación, pero uno de los que tiene más peso es precisamente la frustración que comporta la vida real frente a la vida virtual. Es lo que conocemos como otakuismo: dar más importancia y credibilidad al mundo ficticio que al real. Ser un “otaku” no significa ser solo un “friki”; es algo que va más allá, son sujetos obsesivos, enfermos, que organizan toda su vida alrededor de las nuevas tecnologías y sin las que su vida pierde todo interés.

Esta situación puede parecer ciencia ficción, pero lamentablemente es más real de lo que piensa mucha gente. La reflexión que puede realizarse a partir de la película Origen es muy preocupante y hay que tenerla seriamente en cuenta. Cada vez es más importante enseñar a distanciarse de los medios de comunicación, a entender lo que son y para que sirven. Su poder y el peligro a perderse en ellos son muy grandes. Ese es el verdadero laberinto que nos propone Christopher Nolan. Hace falta conciencia crítica, porque ya tenemos casos que nos muestran hacia donde puede llevar este camino que, disfrazado de libertad, nos provoca la pérdida de la razón. Es muy bonito tener sueños e intentar cumplirlos; de hecho, este es uno de los pilares de la existencia humana. Pero que los sueños (y sobretodo los medios para conseguirlos), no nos dominen a nosotros.

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